Sociedad pasiva

Me encanta la gente, aunque a veces pienso que no me gusta la sociedad.

Desde pequeño he tenido tendencia a hacer amistades, a caer bien a la gente y me gusta que las personas me recuerden por algo. Ya en los campamentos de verano, cuando era bien pequeño, me dedicaba a preguntar uno a uno el nombre de las personas y luego iba a mi madre y le explicaba quién era cada uno. Con el tiempo he seguido mostrando interés por las personas, sus ideas, proyectos y motivaciones, a pesar de que últimamente los nombres me cuesta retenerlos.

La sociedad es una agrupación de individuos cuya relación implica un cierto grado de comunicación y cooperación, y está muy relacionado con el concepto de cultura. Eso es la definición formal. Yo en este caso quiero referirme a la sociedad en términos de pensamientos humanos y el impacto que provocan en cada uno de nosotros.

Cuando conoces a alguien nuevo, una de las preguntas más típicas que te suelen hacer es: bueno y… ¿qué haces? ¿a qué dedicas tu vida? Yo también lo hago, no os voy a mentir, y hay veces que me sorprenden las respuestas, ya que hay personas que dedican su tiempo a hacer cosas muy interesantes. Pero, ¿realmente somos lo que trabajamos? ¿Nuestra personalidad o forma de ser está completamente vinculada a las cosas con las que “usamos” el tiempo?

Mi respuesta es: debería ser que sí, pero muchas veces no ocurre. ¿En qué momento decides irte a un país extranjero a fregar platos para poder (sobre)vivir? ¿Por qué llevas 4 años en ese bufete de abogados donde el jefe te hace la vida imposible? ¿No te cansas de estar disponible las 24 horas del día por si acaso te avisan por Whatsapp para ir a cubrir unas horas en el bar?

Con toda esta verborrea, lo que pretendo decir es, ¿por qué no cambiamos la clásica pregunta de dónde trabajas? Por otras como… ¿Con qué sueñas? ¿Qué se te da bien hacer? ¿Qué te hace feliz? ¿Qué quieres ser de mayor?

Tengo 29 años y todavía no sé qué quiero ser de mayor. Bueno mentira, si que lo sé. Quiero vivir repartiendo felicidad, aunque no sepa en qué emplear mi tiempo. Quizás me dedique únicamente a eso cuando no el dinero no sea el único medio de supervivencia.

Aunque primero habrá que cambiar la sociedad…

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Identidad expansiva

Hoy hablaremos de la identidad territorial. Las elecciones catalanas son dentro de poco y la gente está expectante por ver qué sucederá con el futuro de Cataluña. Durante estos días he estado observando y escuchando diferentes opiniones de la gente sobre el tema de la independencia, y también de los representantes políticos y sus supuestas ideologías.

No quiero entrar en ningún debate político, ya que de lo que quiero hablar es del sentimiento de identidad, ligado a este asunto catalán. Así que, como buen blogger, me he puesto a reflexionar sobre ello y aquí están mis incomprendidos pensamientos de nuevo para todos vosotros.

No sé si todo el mundo tiene este sentimiento, a mi por ejemplo sí que me pasa y he visto que a un gran número de personas también. Cuando alguien te pregunta -¿De dónde eres?- mucha gente contesta con una sonrisa en la boca y con orgullo responde con el nombre de su pueblo, ciudad, nación, territorio o como queráis llamar al trozo de tierra con la que se siente identificado. Mi respeto para todas aquellas personas que, por desgracia, no han tenido la oportunidad de poder vivir en unas condiciones de vida normales (por las guerras, el hambre, etc.) y les pase justo al contrario.

Cuando viajas o estás fuera de casa es cuando empiezas a darte cuenta de esto. Por ejemplo, vas caminando por alguna ciudad nueva y encuentras algo que conoces o te es familiar. De cierta manera, se produce una pequeña reacción química en tu cuerpo que te aporta tranquilidad y satisfacción. O también, estás en un país en el que no se habla tu idioma, y de repente escuchas a alguien hablar en algo que logras comprender a la primera. Seguidamente, lo primero que haces es buscar con la cabeza a ver de dónde procede esa voz que en ese momento es música celestial para tus oídos.

Incluso a nosotros mismos, que tantos prejuicios tenemos sobre nuestra identidad por culpa de ciertos hechos históricos recientes, que nada tienen que ver con el sentimiento personal de pertenencia a un territorio. Eso sí, todos con la selección de basquet o fútbol a muerte…

Creo que no hay nada malo en expresar libremente que te hace feliz pertenecer a una parte del planeta en la que la gente comparte idioma, tradiciones, cultura… y expandirlo hacia fuera. A mi me parece sorprendente escuchar y aprender de la gente que te cuenta las cosas que se hacen en su tierra y sentir el entusiasmo que le ponen.

Desde aquí os animo a que compartáis vuestra cultura, y sobre todo que os empapéis de todas las demás que podáis. Podréis criticarlas, no compartir la misma opinión, ser afines o incluso empezar a introducirlas en vuestra propia vida; pero lo más importante, os hará abrir la mente y ser personas más completas en todos los sentidos.